En términos generales prefieren climas templados y húmedos. La temperatura óptima de crecimiento de las lechugas oscila entre los 15 y 20ºC. Aunque vegeta bien en suelos diversos, le convienen sobre todo los terrenos francos y frescos que no retengan la humedad excesivamente, con abundante contenido en materia orgánica. Es un cultivo sensible a la salinidad, los síntomas son necrosis de los bordes de las hojas, podredumbre del follaje, ... No resiste la acidez y se adapta bien a terrenos ligeramente alcalinos, su límite óptimo de pH se cifra en 6,8 y 7,4.